7 errores comunes de los escritores noveles y cómo evitarlos
Por Neva Ediciones
Escribir una novela por primera vez es un proceso lleno de descubrimientos. Tienes una historia que quieres contar, personajes que empiezan a tomar forma y muchas ganas de ver cómo esa idea se convierte poco a poco en un manuscrito.
Pero también es habitual encontrarse con dudas, bloqueos y decisiones que no sabes muy bien cómo resolver. Muchos escritores que empiezan cometen errores similares, no porque les falte capacidad, sino porque escribir una novela implica aprender a manejar muchas cosas al mismo tiempo: estructura, personajes, ritmo, escenas, diálogos y, además, la propia disciplina de escribir.
Conocer algunos de estos errores puede ayudarte a detectarlos antes y, sobre todo, a entender cómo afrontarlos.
1. Empezar a escribir sin conocer mínimamente la historia
No necesitas tener toda la novela planificada antes de comenzar. De hecho, muchas historias evolucionan mientras se escriben. Sin embargo, empezar sin ninguna orientación puede hacer que después de varias páginas no sepas hacia dónde continuar.
Antes de escribir, intenta definir al menos algunos elementos básicos: quién protagoniza la historia, qué quiere conseguir, qué conflicto se lo impide y hacia dónde podría dirigirse la trama.
No se trata de construir una escaleta cerrada, sino de tener un pequeño mapa que te ayude a avanzar.
2. Querer que el primer borrador sea perfecto
Uno de los errores más frecuentes es escribir una frase y corregirla una y otra vez antes de continuar. Después ocurre lo mismo con el siguiente párrafo y con la siguiente página.
El resultado puede ser frustrante: has dedicado horas a escribir, pero apenas has avanzado.
El primer borrador no tiene que ser perfecto. Su función es permitirte descubrir y construir la historia. Cuando hayas terminado tendrás tiempo para revisar la estructura, mejorar escenas, eliminar lo que no funciona y trabajar el estilo.
Primero necesitas tener algo que revisar.
3. Crear personajes sin objetivos claros
Un personaje puede tener una personalidad interesante, una historia personal detallada y una descripción física perfectamente definida. Pero si no quiere nada, será difícil que haga avanzar la historia.
Pregúntate qué desea tu protagonista y qué está dispuesto a hacer para conseguirlo. Después piensa qué obstáculos puedes colocar en su camino.
Los objetivos, conflictos y decisiones de los personajes son los que generan movimiento narrativo. Además, sus deseos pueden cambiar a medida que avanza la novela, creando una evolución más profunda y creíble.
4. Explicarlo todo en lugar de mostrarlo
Cuando empiezas a escribir es fácil querer proporcionar al lector toda la información necesaria cuanto antes: cómo es un personaje, qué ocurrió en su pasado, cómo funciona el mundo de la novela o qué siente exactamente en cada momento.
Pero una historia también necesita espacio para que el lector observe, interprete y descubra.
En lugar de explicar que un personaje está nervioso, por ejemplo, puedes mostrarlo a través de sus acciones, sus silencios o su manera de hablar. La información puede aparecer progresivamente mediante escenas, diálogos y pequeños detalles.
No es necesario contarlo todo de inmediato.
5. Escribir sin prestar atención al ritmo
Una novela necesita momentos de tensión, pero también pausas. Si todas las escenas tienen la misma intensidad o cumplen funciones muy similares, la lectura puede volverse monótona.
Observa qué aporta cada escena a la historia. Algunas harán avanzar la trama, otras desarrollarán personajes, revelarán información o modificarán una relación.
También conviene revisar cuánto tiempo dedicas a cada momento. Una escena importante puede necesitar espacio para desarrollarse, mientras que determinados acontecimientos pueden resolverse con mayor rapidez.
El ritmo surge del equilibrio entre todos estos elementos.
6. Abandonar el proyecto cuando aparecen las dudas
Al principio de una novela suele haber entusiasmo. Después llegan momentos en los que la historia parece menos clara, una escena no funciona o empiezas a preguntarte si la idea era realmente buena.
Es completamente habitual.
En lugar de interpretar las dudas como una señal para abandonar, intenta identificar qué las está provocando. Quizá necesitas revisar una decisión narrativa, conocer mejor a un personaje o simplemente descansar unos días antes de continuar.
Escribir una novela implica convivir con cierta incertidumbre durante buena parte del proceso.
7. Revisar el manuscrito sin tomar distancia
Cuando terminas una novela conoces tan bien el texto que resulta difícil verlo con perspectiva. Sabes lo que querías decir, conoces las motivaciones de los personajes y tienes en la cabeza información que quizá nunca llegó realmente a la página.
Por eso es recomendable dejar reposar el manuscrito antes de comenzar la revisión.
Después puedes releerlo intentando analizarlo como un conjunto: estructura, evolución de personajes, ritmo, coherencia, escenas que funcionan y partes que necesitan más trabajo.
Una mirada externa también puede ayudarte a detectar problemas que resultan difíciles de identificar cuando llevas meses trabajando en la misma historia.
Los errores también forman parte de escribir
No existe una primera novela escrita sin dudas, cambios o decisiones equivocadas. Muchos problemas narrativos solo aparecen cuando la historia empieza a crecer y los personajes avanzan.
Lo importante no es evitar cualquier error, sino aprender a reconocer qué necesita el texto en cada momento.
Escribir, revisar, eliminar, reordenar y volver a escribir forman parte del mismo proceso. Cada versión te permite comprender mejor la historia que estás intentando contar.
Si has empezado tu primera novela y no sabes cómo continuar, o tienes un manuscrito y sientes que algo no termina de funcionar, una mirada editorial puede ayudarte a detectar los puntos fuertes del proyecto y los aspectos que conviene trabajar.
En Neva Ediciones acompañamos a autoras y autores durante las distintas etapas de escritura y revisión para ayudarles a desarrollar sus historias con mayor claridad y criterio editorial.